lunes, 28 de agosto de 2017

COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR Y TEST PSICOLÓGICOS

COMPORTAMIENTO DEL CONSUMIDOR Y TEST PSICOLÓGICOS

José Pérez Leal

Comenzando por definir lo que son los test psicológicos vale decir que son instrumentos de evaluación psicológica, entendiéndose como las técnicas mediante las cuales se recogen los datos referentes a las características psicológicas de las personas estudiadas.
En este sentido, son muchos los instrumentos que sirven para este fin y variadas son también las formas que adquieren los test, su modo de presentación, el material con que están hechos, el objetivo que persiguen, etc., es tan amplia la cantidad de instrumentos que existen que se encuentran clasificados en diversas categorías, y todos ellos constituyen el arsenal tecnológico y metodológico con que cuenta la psicología  para realizar sus mediciones; estos instrumentos constituyen la base sobre la cual descansan los fundamentos de la exploración y el análisis del comportamiento del hombre, concebidos de tal forma desde que surge la necesidad de evaluar las diferencias humanas.
Los instrumentos psicológicos son construidos con base en teorías psicológicas que intentan explicar el comportamiento humano. Los resultados de los mismos se integran al proceso evaluativo y a la toma de decisiones en relación a la persona en estudio; de forma tal, que la aplicación de los instrumentos de medida se constituye en la fase más importante del proceso de evaluación psicológica; igual ocurre en cualquier otro campo de la actividad humana, donde el uso correcto o incorrecto de los instrumento de medida determinan la calidad de la información que se obtiene, y por ende de las conclusiones finales a las que se arriban partiendo de dichos datos.
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El proceso de decisión de compra del consumidor final
De acuerdo con los principios de mercadotecnia se ha establecido que toda decisión de compra requiere un proceso que puede ser más o menos consciente, pero no es necesario que ese proceso se efectúe en el mismo lugar o el mismo día. De allí que se determinen las cinco fases del proceso de decisión de compra, según Philip Kotler, como se presentan a continuación:
1.    Reconocimiento  de  la  necesidad: El  individuo  reconoce  la  necesidad  y  esto  le plantea un problema. Identifica su estado actual de insatisfacción y lo compara con el que desea conseguir. En el caso de las necesidades naturales (hambre o sed), la necesidad se estimula de forma interna o natural; en los otros casos, de forma externa: un anuncio publicitario, un escaparate, etc., despiertan el deseo.
2.    Búsqueda de información. El consumidor tiende a buscar información. Puede hacerlo de dos maneras: de forma prácticamente pasiva, limitándose a estar receptivo cuando escucha o ve un anuncio publicitario; o bien de forma activa intentando encontrar información o consultando a amigos, profesionales o familiares. Con esta búsqueda, el consumidor conoce el producto o servicio, las diferentes marcas que lo comercializan, las características, los precios, etc.
3.    Evaluación  de  alternativas.   A  partir  de  la  información  obtenida,  el  consumidor hace un balance de los beneficios que obtendrá de cada marca, valorando las características que más le interesen.
4.    Decisión  de  compra.  Según  la  valoración  de  las  alternativas,  en  esta  fase  el  consumidor lleva a cabo la compra, decidiendo la marca, la cantidad, y dónde, cuándo y cómo efectúa el pago. Pero antes de decidirse a comprar podrían pasar dos cosas:
a.       Que otras personas le influyan con argumentos que no había tenido en cuenta. Si estos argumentos son absolutamente negativos, cambiará de opinión.
b.      Que el comprador desee complacer a otra persona, en cuyo caso tratará de ponerse en su lugar.
5.      Comportamiento posterior a la compra.  Dependerá de la satisfacción o insatisfacción que le  produzca  el  producto  o servicio una  vez  adquirido  y  usado;  es  decir,  de  si  realmente obtuvo lo que esperaba. Si el producto está al nivel de sus expectativas, volverá a comprar casi con seguridad; si no lo está, no comprará e incluso puede que al hablar con otras personas no lo recomiende.
No siempre el consumidor pasa necesariamente por todas las etapas del proceso; por ejemplo, en la compra impulsiva se pasa directamente a la cuarta etapa.
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Pero, ¿cómo se relacionan estas fases del proceso de decisión de compra con los test psicológico? Para descubrir su relación es bueno retroceder en la historia , descubrir cómo han venido evolucionando los test psicológicos y la llamada psicometría, a la cual ddicaremos un artículo aparte en una entrega posterior.

Auge de los instrumentos de evaluación psicológica
La constitución de la evaluación psicológica como disciplina abarca un período aproximado de 1890 a 1910, en el cual se perfila el concepto de Evaluación Psicológica como una disciplina de la Psicología Científica, dedicada a la exploración y al análisis de la individualidad, a través de la medición de aptitudes y características de la personalidad, para lo cual utiliza instrumentos de medida que adoptan el nombre de Test mentales.
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Posteriormente, en la primera mitad del siglo XX, hubo un gran desarrollo en la creación de instrumentos de evaluación psicológica siguiendo la línea psicométrica; acontecimientos internacionales propician este incremento:
La I Guerra Mundial (1914-1918) favorece el auge en la creación de instrumentos de evaluación psicológica. Se solicita a los psicólogos la necesidad de clasificar a los soldados sobre la base de dos aspectos de utilidad a los fines de la contienda:
1. El ordenamiento de los hombres basado en la capacidad intelectual, lo que motivó el desarrollo de los tests de inteligencia: el Alfa y el Beta.
2. La tipificación de los soldados en cuanto a la posibilidad de que pudieran sufrir crisis nerviosas, esta necesidad dio lugar a que el psicólogo estadounidense Robert Woodworth elaborara la "Hoja Personal de Datos", que es considerada, por algunos autores, como el antecedente de los modernos testes de personalidad.
La II Guerra Mundial (1939-1945) realiza a los psicólogos las mismas encomiendas, lo cual posibilita la aparición de nuevos instrumentos.
Entre la I y II Guerra Mundial, etapa donde se mantienen las hostilidades entre los países participantes en la guerra, también se desarrollan un amplio número de test psicológicos con el modelo psicométrico, como por ejemplo el Wais en 1930 y Las Matrices Progresivas de Raven en 1936.
Cabe destacar que los instrumentos psicométricos no son los únicos que surgen en la primera mitad del siglo XX. Desde una perspectiva diferente y a partir de la obra de Freud, La interpretación de los sueños, publicada en 1900, aparecen algunas técnicas para el estudio de la personalidad que se les denomina técnicas proyectivas. Algunos ejemplos de técnicas proyectivas:
1906: Test de asociación de palabras de C. Jung
1921: El Rorschach de Hermann Rorschach
1926: Test del dibujo de la figura humana de Goodenough.
1938: TAT de Murray
1944: El Test de tolerancia a la frustración, de Rosenzweig
En general, se puede decir que en la primera mitad del siglo XX se originan y consolidan los modelos psicométrico y proyectivo en su concepción teórica y tiene lugar un aumento considerable la producción de instrumentos y técnicas de evaluación psicológica.

Instrumentos psicométricos
Hasta este momento se han utilizado el término de instrumentos psicométricos en el proceso de evaluación psicológica.
Los términos psico y metría, significa: medida de los fenómenos psíquicos. Por tanto, los tests psicométricos intentan medir habilidades cognitivas o rasgos de personalidad, en las personas estudiadas.
Los tests psicométricos son instrumentos estructurados, es decir, en ellos la persona tiene que escoger, entre alternativas de respuestas posibles, aquella que considera se ajusta mejor en su caso particular. Por ejemplo:
1. En el Test de Matrices Progresivas de Raven, se le presenta a la persona un cuadro al que le falta una parte, la persona debe escoger la parte que falta entre 6 u 8 alternativas posibles.
2. En el test 16 PF de Cattell, se le presenta al sujeto una serie de preguntas y la persona tiene que elegir, ante cada pregunta, una de las 3 opciones de respuestas posibles, aquella que se ajusta mejor en su caso particular.
El uso de estas técnicas psicométricas, vincula a la evaluación psicológica con otra disciplina del campo de la Psicología Científica, la cual se ocupa de la construcción y elaboración de los instrumentos de medida: la Psicometría.
La Psicometría garantiza que los instrumentos de medida sean debidamente estandarizados y posean la validez requerida que haga posible dichas medidas y posibiliten la diferenciación de unas personas en relación a otras en determinada población.
Las técnicas psicométricas quedan englobadas dentro del proceso de evaluación psicológica; el proceso evaluativo utiliza las pruebas psicométricas como instrumentos de medida con el objetivo de alcanzar una información más amplia del sujeto, que le permita al investigador, crear hipótesis de trabajo, que orienten su proceder evaluativo y diagnóstico.
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Comportamiento del consumidor y test psicológicos
Quienes han trabajado o se desenvuelven en el ámbito de la Investigación de Mercado sabe que cada estudio es un caso nuevo, implica un diseño distinto y sus resultados implican nuevos hallazgos, descubrimientos y conocimientos. Sin embargo, dependiendo del tipo de producto o servicio y ciertas características generales de los consumidores se pueden realizar clasificación o segmentación, aplicando técnicas estadísticas de Análisis Multivariante siendo los instrumentos de recolección de datos Instrumentos de Evaluación Psicológica, o test psicológicos.
Sabiendo que una  necesidad  se  convierte  en  motivo  cuando  alcanza un nivel de intensidad suficiente.  Un  motivo  o  impulso es una necesidad  que  presiona  lo  suficiente  para impulsar  a  la  persona a actuar.  Existen  dos  teorías  principales  sobre la motivación humana:

Teoría  de  la  motivación de Freud: 
Freud afirma que las fuerzas psicológicas que forman el comportamiento  humano son inconscientes. Así   pues, una persona no puede  comprender plenamente sus motivaciones.   
Los investigadores de la motivación recogen información a partir de los consumidores  y de este  modo descubrir los motivos que les inducen a elegir determinados productos o servicios. Para estudiar esto se emplean Entrevistas en Profundidad No Dirigidas; interpretación de dibujos, completar frases, etc.

Motivación (Maslow)
La fuerza que impulsa a la acción provocada por un estado de tensión debido a una necesidad insatisfecha.  
Por otro lado  Maslow sostiene que la motivación no es un impulso, sino una situación de necesidades jerarquizadas, donde unas tienen más importancia que otras, según los momentos y  el grado de satisfacción. Cuando una persona satisface las necesidades de un nivel se sentirá motivada para conseguir otras de una escala superior, ya que es propio de la  condición humana que las personas no estén nunca totalmente satisfechas.
1. Necesidades fisiológicas (alimento, descanso)
2. Necesidades de seguridad (protección contra posibles privaciones y peligros)
3. Necesidades sociales (dar y recibir afecto)
4. Necesidades de estima (confianza en uno mismo)
5. Necesidades de auto relación (ser creativos)                                              
Sin embargo,  esta  jerarquía no es válida para todas las culturas. Por  ejemplo, en la cultura anglosajona se valora al máximo la auto realización y el individualismo; en Japón y Alemania lo que mueve a la sociedad es la necesidad de seguridad personal y de conformidad; en Francia, España, Portugal y otros países latinos y asiáticos lo que motiva es la necesidad de seguridad e integración.


Percepción selectiva
La percepción selectiva es un tipo de sesgo cognitivo que se da en el proceso de percepción cuando el sujeto, en función de sus expectativas, selecciona un objeto de atención y desatiende la parte restante de la información.
Se trata de un proceso por el cual un individuo selecciona, organiza e interpreta las entradas de información para crear una imagen del mundo, repletas de significados.
En este proceso pueden distinguirse tres etapas:
1.  Atención  selectiva: como  resulta imposible prestar atención a todos los estímulos  a  los que se ven expuestos, se da una tendencia de las personas a rechazar la mayor parte de la información a la que se ven expuestos. Desde el marketing se trabaja para captar la atención de los consumidores.   
2. Distorsión selectiva: describe la tendencia de las personas a adaptar la información que reciben de forma que tenga un significado personal para ellos.
3. Retención selectiva: es la tendencia de las personas a retener solamente una parte  de  la  información que se le presenta, principalmente aquella que da soporte a sus actitudes o creencias.

Como puede observarse, para los fines informativos de este artículo la teoría que sustenta los procesos psicométrico y la utilización de test psicológicos es bastante densa y por demás apasionante, sin embargo puede resumirse el contenido de esta nota diciendo que un test psicológico o prueba psicológica es un instrumento experimental que tiene por objeto medir o evaluar una característica psicológica específica, o los rasgos generales de la personalidad de un individuo.
Como justificación teórica de la validez de una medición mediante el uso de test psicológicos, se argumenta que el comportamiento individual que los reactivos de la prueba provoca puede ser valorado en comparación estadística o cualitativa con el de otros individuos sometidos a la misma situación experimental, con lo que se da lugar a una determinada clasificación del sujeto. La construcción del test debe procurar que el comportamiento específico ante determinado reactivo represente lo más fielmente posible el funcionamiento del sujeto en situaciones cotidianas donde se pone en ejecución real la capacidad que el test pretende evaluar.
Finalmente, es bueno señalar que en la sociedad de consumo el instrumento principal es el marketing, del cual forma parte la publicidad. Esta ideología domina nuestras vidas, y también la economía. Es bueno para la economía, y se supone que bueno para las personas. Por lo tanto, es necesario socializar a todos los ciudadanos en los principios del consumo.
Sin embargo, esta filosofía está siendo cuestionada. Investigaciones y reflexiones relativamente recientes están cuestionando que vivir para el consumo nos haga más felices. Además de no ser un modelo sustentable debido a que el planeta no tiene una capacidad infinita de producir bienes y al ritmo que se están utilizando los recursos naturales para producirlos la naturaleza no es capaz de reponerlos.
Parece que todo el mundo asiente al oír esta afirmación, pero nadie actúa ante ella. ¿Cómo llegamos a ser socializados para interiorizar esta verdad, como hemos llegado a asumir que estamos atrapados en ella, y cómo a pesar de ello no nos atrevemos a desprendernos del apego al consumo?
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José Pérez Leal
Director de Investigación y Proyectos
“En Plepso Investigaciones, no le diremos lo que quiere escuchar, le mostraremos la realidad tal como la encontramos”

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Hasta una próxima entrega.
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sábado, 26 de agosto de 2017

PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE UN TEST PSICOMÉTRICO (III)



PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE UN TEST PSICOMÉTRICO (III)

En los dos artículos anteriores presentados en este blog se expones los principios que conducen el Proceso de Construcción de un Test Psicométrico (parte I y parte II). Continuando con este apasionante tema se desarrolla lo referente a la cuantificación de las respuestas para posteriormente explicar la forma adecuada de analizar los ítems, donde se destacan los apartados sobre índices de dificultad, el índice de homogeneidad y el índice de validez.

Cuantificación de las respuestas
Una vez establecido el formato de respuesta que se considera más apropiado para el caso, y de cara al estudio psicométrico de la prueba, es preciso decidir la manera de cuantificar los posibles resultados a las cuestiones. En general, para los ítems de cuestionarios de rendimiento óptimo se cuantificará con 1 el acierto y con 0 el error, de tal manera que la puntuación directa de un sujeto en un cuestionario determinado será igual al número de ítems que ese sujeto acierta.
La cuantificación de las respuestas a ítems de pruebas de rendimiento típico requiere ciertos matices. Dado un formato de respuesta determinado (opción binaria, categorías ordenadas o adjetivos bipolares) es necesario cuantificar las posibles respuestas a un ítem teniendo en cuenta que la alternativa con mayor valor sea la que indique mayor nivel de rasgo, aptitud y opinión.
Por ejemplo, para un ítem con formato de respuesta de opción binaria (acuerdo/desacuerdo) puede cuantificarse el acuerdo como 1 y el desacuerdo como 2, o viceversa. Depende de que el ítem esté planteado para medir de manera directa o inversa el constructo de interés. Estos pueden ser 2 ítems de un cuestionario de actitud ante al aborto voluntario:
Ítem A: "Abortar es matar".
De acuerdo (   ) En desacuerdo (   )
Ítem B: “El bienestar de la madre también importa”.
De acuerdo ( ) En desacuerdo ( )
En el ítem A, el acuerdo se puntuaría con 1 y el desacuerdo con 2, ya que estar en desacuerdo con esa afirmación indica una actitud más positiva hacia el aborto voluntario. En el ítem B, sin embargo, el acuerdo se puntuaría con 2 y el desacuerdo con 1, ya que estar de acuerdo con esa afirmación indica una actitud más positiva hacia el aborto.
Si el formato de respuesta es de “n” categorías ordenadas, las diversas categorías se cuantificarán normalmente desde 1 hasta n, teniendo en consideración (como en el caso anterior) la dirección de la afirmación o cuestión. Por ejemplo, para 5 categorías, las dos posibles cuantificaciones serán:
También se puede asignar el 0 a la categoría central, valores negativos a las categorías que se encuentran a la izquierda y positivos a las que se encuentran ubicada a la derecha.
En estos casos, la puntuación directa de un sujeto en un test (o subtest) resulta de sumar las cantidades asignadas por el constructor de la prueba a las diferentes respuestas que el sujeto ha emitido; según esto, convendría cuantificar las diversas alternativas con valores entre 1 y n para evitar una puntuación directa negativa.

Análisis de ítems
Los ítems o cuestiones se han formulado de manera lógica para que midan (y lo hagan bien) el constructo, variable, o rasgo que interesa evaluar con el cuestionario. Ahora bien, el grado en que cada ítem es un "buen medidor" del rasgo de interés es algo que se puede comprobar estadísticamente de manera sencilla si se obtienen tres indicadores para cada ítem:
a) El índice de dificultad.
b) El índice de homogeneidad.
c) El índice de validez.
Para ello, tras aplicar el cuestionario provisional a una muestra de sujetos representativa de la población a la que va dirigida la prueba (se aconseja entre 5 y 10 veces más sujetos que ítems), y una vez cuantificadas las respuestas de cada individuo, se forma una matriz de datos de sujetos x ítems:

Un elemento aij de esta matriz indica el valor asignado a la respuesta que da el sujeto i al ítem j. Sumando por filas podemos obtener las puntuaciones directas (X) de los sujetos en el total del test.
Veamos cómo se obtienen (y qué sentido tiene su obtención) los tres índices citados anteriormente.

Índice de Dificultad
Este primer indicador sirve para cuantificar el grado de dificultad de cada cuestión, por lo que sólo tiene sentido su cálculo para ítems de tests de rendimiento óptimo.
El índice de dificultad de un ítem j se define como el cociente entre el Nº de sujetos que lo han acertado (Aj) y el Nº total de sujetos que lo han intentado resolver (Nj)
Atendiendo a la disposición de datos en la matriz expuesta más arriba, el índice de dificultad de un ítem (columna) j será el cociente entre el nº de unos y el total de unos y ceros que tiene la columna. Los sujetos que han omitido el ítem (no han contestado) no se contabilizan en Nj.
Ejemplo: Supongamos que la siguiente tabla recoge las respuestas de una muestra de 10 personas a un test formado por 6 ítems dicotómicos (1 indica acierto y 0 error):
Con estos resultados puede comprobarse varios aspectos de la interpretación de Dj:
- El valor mínimo que puede asumir Dj es 0 (ningún sujeto acierta el ítem) y el valor máximo 1 (todos los sujetos que lo intentan lo aciertan).
- A medida que Dj se acerca a 0 indica que el ítem ha resultado muy difícil; si se acerca a 1, que ha resultado muy fácil; y si se acerca a 0,5, que no ha resultado ni fácil ni difícil.
- Dj está relacionado con la varianza de los ítems: Si Dj es 0 ó 1, la varianza es igual a cero; a medida que Dj se acerca a 0,5, la varianza del ítem aumenta. De nada sirve un ítem con Dj = 0 o Dj = 1, ya que no discriminaría entre los diferentes sujetos (todos aciertan o todos fallan).
Al diseñar un cuestionario de rendimiento óptimo, al inicio se sitúan los ítems más fáciles (con mayor Dj); en la parte central, los de dificultad media (entre 0,30 y 0,70); y al final, los más difíciles (con menor Dj). El número de ítems de cada categoría de dificultad que deben incluirse en el test depende de los objetivos que quiera conseguir la persona que diseña el cuestionario. En general, la mayor parte de los ítems deben ser de dificultad media.

Índice de Homogeneidad
El índice de homogeneidad, llamado a veces índice de discriminación, de un ítem (Hj) se define como la correlación de Pearson entre las puntuaciones de los N sujetos en el ítem j y las puntuaciones X en el total del test:
Hj= rjx
Según la disposición de la matriz de datos, para obtener los Hj de los ítems, debemos calcular la Correlación Lineal entre las columnas j y la columna X de puntuaciones directas en la prueba.
Ejemplo: Supongamos un test formado por 3 ítems con formato de respuesta de categorías ordenadas, que se valoran entre 0 y 5. Después de aplicarse a un grupo de 5 sujetos se obtienen los siguientes datos:
Puede comprobarse que los índices de homogeneidad de los 3 elementos son:
H1= r1x= 0,75
H2= r2x= 0,94
H3= r3x= 0,86
El índice de homogeneidad de un ítem nos va a informar del grado en que dicho ítem está midiendo lo mismo que la prueba globalmente; es decir, del grado en que contribuye a la homogeneidad o consistencia interna del test. Los ítems con bajos índices de homogeneidad miden algo diferente a lo que refleja la prueba en su conjunto.
Si con el test se pretende evaluar un rasgo o constructo unitario, deberían eliminarse los que tienen un Hj próximo a cero.
En ocasiones, un test está formado por diferentes subtests con contenidos distintos. En este caso, los Hj deben obtenerse con relación a las puntuaciones directas del subtest concreto.
Cuando un Hj es negativo y alto, debemos cuestionar el sistema de cuantificación de las respuestas que se ha seguido en ese ítem. Si un ítem obtiene una Correlación Lineal negativa y alta con el total de la prueba, seguramente es debido a que se ha cuantificado erróneamente el ítem (se ha tomado como directo siendo inverso, o viceversa).
Cuando un test tiene un número pequeño de ítems, resulta más apropiado obtener el índice de homogeneidad corregido (rj,x-j). Consiste en correlacionar las puntuaciones en un ítem con las puntuaciones en el total del test después de restar de este total las puntuaciones del ítem cuyo índice queremos obtener. En el ejemplo precedente, el índice de homogeneidad corregido para el ítem 1 será 0.49, resultado de correlacionar la 1ª columna de la tabla (2, 3,
5, 0, 4) con la columna (10-2 = 8, 4-3 = 1, 14-5 = 9, 1-0 = 1, 7-4 = 3). Análogamente, los índices de homogeneidad corregidos para los ítems 2 y 3 son, respectivamente, 0.89 y 0.54.
Como resulta lógico suponer, el Hj corregido de un ítem suele ser inferior a su Hj sin corregir.
A estas alturas del contenido aquí presentado algunas personas pueden entrar en pánico por la cantidad de cálculos, matrices, coeficientes y cifras, sin embargo existen software de fácil acceso que realizan todos estos cálculos. En particular en Plepso Investigaciones se acostumbra utilizar para el Procesamiento de Datos Estadísticos el programa SPSS

Índice de Validez
Las puntuaciones de los N sujetos en un ítem j pueden correlacionarse también con las que estos sujetos obtienen en un criterio de validación externo al test (Y); esta Correlación Lineal define el índice de validez del ítem j:
Vj= rjy
El criterio de validación "Y" es una medida diferente del test para reflejar el mismo rasgo u otro muy relacionado, de tal manera que si el test mide lo que se pretende, debería correlacionar de forma elevada con el criterio. Por ejemplo, un criterio para validar un test de inteligencia verbal puede ser otro test que incluye cuestiones verbales; los supervisores de unos trabajadores podrían valorar el grado de motivación de cada uno y utilizar estas valoraciones como el criterio de validación de un test de motivación laboral; el total de ventas en pesetas que realizan los vendedores puede ser un buen criterio para validar un test de aptitud para la venta.
Supongamos que partimos de los datos del ejemplo precedente, y que conocemos las puntuaciones directas de las 5 personas en un criterio Y:
Sujeto: 1 2 3 4 5
Y: 5 3 6 0 6
Los índices de validez de los tres ítems serán:
V1= r1Y = 0,87
V2= r2Y = 0,88
V3= r3Y = 0,54
Los elementos que tengan una correlación con el criterio próxima a cero deberían eliminarse de la prueba, en la medida que no contribuyen a evaluar el rasgo que se pretende medir. Si lo que se pretende es seleccionar los ítems que más contribuyen a la validez del cuestionario, de entre los ítems de igual varianza, serían preferibles los que tienen alto Vj y bajo Hj.
Este tema se seguirá desarrollando y explicando en próximas entregas, por favor haga sus comentarios, críticas constructivas para mejorar este sitio de discusión y aprendizaje. Suscríbase al blog y comparta este contenido.
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Hasta una próxima entrega.
OTROS ARTÍCULOS DE INTERÉS

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES
Amón J. (1984). Estadística para psicólogos. Probabilidad. Estadística Inferencial. Volumen 2. 3ª edición. Madrid: Pirámide.
Hambleton R.K, Swaminathan H. y H.J. Rogers (1991). Fundamentals of Item Response Theory. MMSS volumen 2. Londres: Sage.
Hambleton R.K. y Swaminathan H. (1985). Item Response Theory: Principles and applications. Boston: Kluwer.
Kerlinger, F. (1988). Investigación del Comportamiento. Segunda Edición. México. Editorial  McGraw-Hill.
López Pina, José Antonio (1995). Teoría de la respuesta al ítem: fundamentos. Barcelona: PPU. Barcelona.
Muñiz Fernández J. (1997). Introducción a la Teoría de Respuesta a los Items. Madrid: Pirámide.
Olea, J. y Ponsoda, V. (2003). Tests adaptativos informatizados. Madrid: UNED Ediciones.
Olea, J., Ponsoda, V. y Prieto, G. (1997). Tests informatizados. Madrid: Pirámide.
Ponsoda V., Olea J. y Revuelta J. (1994). ADTEST: A computer adaptive test based on the maximum information principle. Educational and Psychological Measurement, 57, 2, 210-221.
Reckase M.D. (1979). Unifactor latent trait models applied to multi-factor tests: Results and implications. Journal of Educational Statistics, 4, 207-230.
Renom J. (1993). Tests adaptativos computerizados. Fundamentos y aplicaciones. Barcelona: PPU.

viernes, 18 de agosto de 2017

EL EXPERIMENTO DE LA CÁRCEL DE STANFORD



El poder de la situación
En este experimento, uno de los más controvertidos de la psicología desde un punto de vista ético, Philip Zimbardo convirtió el sótano del departamento de Psicología de la Universidad de Stanford en una prisión simulada con un propósito claro: analizar la obediencia a la autoridad, así como la deshumanización de los prisioneros y la desindividualización de los guardias. En definitiva, Zimbardo pretendía estudiar el comportamiento de los seres humanos bajo la influencia de una serie de variables situacionales y responder algunas preguntas, cuanto menos, inquietantes: ¿Qué sucede cuando se pone a personas buenas en una mala cesta? ¿Prevalece la cordura o se impone la violencia? ¿La humanidad gana al mal, o el mal triunfa?

Sorprendentemente, la asunción de los diferentes roles fue inmediata, y los dos grupos de estudiantes (guardias y prisioneros), inicialmente muy similares en todos los aspectos, generaron una serie de cambios insospechados en menos de una semana. Los prisioneros se mostraron sumisos, dependientes, desvalidos, depresivos y enormemente pasivos. Los guardias, por el contrario, se mostraron malvados, sádicos, inflexibles y mezquinos; abusaron de su poder y estatus hasta lo inimaginable; y todo hay que decirlo, generaron un alto sentimiento de pertenencia al grupo. Desde el principio comenzaron a imponer nuevas reglas, humillando y vejando a los prisioneros de forma desalmada. Utilizaron la violencia verbal y los castigos arbitrarios en todo momento. Y en general, abusaron de la sumisión de los prisioneros siempre que pudieron.
En palabras de Zimbardo: “Pudimos observar cómo la cárcel deshumaniza a las personas, transformándolas en objetos e inoculándoles un sentimiento de desesperanza. Respecto a los guardias, nos dimos cuenta de cómo gente normal puede llegar a transformarse desde el bueno Dr. Jekyll al malvado Mr. Hyde.” Para Zimbardo la conclusión es clara: la fuerza de la situación puede ser mucho más poderosa que la personalidad del individuo.
Según la Wikipedia, las principales conclusiones del experimento de Zimbardo son las siguientes:
El experimento evidencia la obediencia de las personas cuando se le proporciona una ideología legitimadora y el apoyo institucional.
Se ha empleado para ilustrar la teoría de la disonancia cognitiva (de Leon Festinger) y el poder de la autoridad.
El experimento apoya las teorías de la “atribución situacional” de la conducta (la situación provocó la conducta, no las personalidades de los individuos). Apoyando las conclusiones del experimento de Milgram en el mismo sentido.

En relación a este último punto, decir que tendemos a pensar que el mal (o el bien) se encuentra en el interior del individuo (orientación disposicional), sin tener muy en cuenta los factores externos (las variables situacionales). Posiblemente sobrevaloramos el peso de los factores disposicionales e infravaloramos la importancia de los situacionales.
En una entrevista, Zimbardo contrasta los resultados de su experimento con el de Milgram y concluye con tres ideas fundamentales:
La obediencia a la autoridad requiere nuestra participación en el proceso de creación del mito de la autoridad, que más tarde quedará legitimada con nuestra sumisión y obediencia.
La razón por la que podemos ser tan fácilmente manipulados es porque creemos en cierta invulnerabilidad personal y en un autocontrol que nos hace pensar erróneamente que somos independientes al poder de las fuerzas sociales.
El mal y el daño no son necesariamente fruto de acciones de personas malvadas, sino el resultado generado por buenos burócratas que simplemente hacen su trabajo.
Este último punto, recuerda lo que comentaba Hannah Arendt a raíz del horror nazi: “los actos monstruosos, a pesar de sus horrores, son simplemente una cuestión de burócratas leales que cumplían servilmente órdenes”. Obedecer órdenes sin plantearse las consecuencias morales y sin ser consciente del mal que se puede hacer, esta muy relacionado con la delegación y la difusión de la responsabilidad.
Parafraseando a Arendt, el problema de fondo que plantean los experimentos de Zimbardo y Milgram es “la banalidad del mal”.  Cómo personas normales pueden ser  manipuladas por sistemas de poder, capaces de influir de forma insospechada en las creencias y comportamientos de los individuos mediante la creación de las condiciones situacionales adecuadas, que les permitan cometer las mayores atrocidades imaginables sin atisbo alguno de culpa o remordimiento.


Antes de conocer los experimentos de Milgram y Zimbardo tendía a pensar que el mal se encuentra en el individuo, en psicópatas tipo Hitler, Stalin o Mao Zedong; y así es en algunos casos, pero siempre hay que considerar muy seriamente los factores situacionales que logran generar estos personajes. Como dice Zimbardo, “los poderosos nunca hacen el trabajo sucio con sus propias manos”. Lo que hacen, basándose en su enfermiza imaginación, es generar las jerarquías de poder, los mecanismos de influencia y de comunicación necesarios para sembrar el odio y la desconfianza entre las personas. En definitiva, lo que hacen es implantar en las mentes de los individuos la imagen de un enemigo aterrador que amenaza su bienestar personal, su seguridad y su futuro; convirtiéndolo en un ente abstracto que no merece vivir. En los casos más extremos, las personas que han sufrido los efectos de estos sofisticados sistemas de propaganda (que no son más que profundos lavados de cerebro), son capaces de justificar incluso el genocidio. En palabras de Zimbardo: “conocemos los métodos usados por la maquinaria propagandística de Hitler para transformar a vecinos, compañeros de trabajo e incluso amigos judíos en enemigos despreciables del Estado merecedores de la solución final”. Así se consigue la sumisión de los millones de personas que hicieron posible el Tercer Reich, solo por mencionar una de las múltiples aberraciones contra la humanidad que ha cometido el ser humano en el siglo XX.
Pero podemos ir más allá del Tercer Reich y sus seis millones de muertos: ¿cómo es posible que Stalin matara a veinte millones de rusos, o Mao Zedong hiciera lo propio con treinta millones de chinos? ¿Cómo se generaron los genocidios de Sudán, Ruanda o  Camboya? ¿Cómo es posible que una persona sea capaz de matar a un vecino, y amigo, junto a sus hijos cumpliendo órdenes de un determinado gobierno?
Entiendo que el proceso mental que lleva a señalar a alguien como el enemigo a exterminar no es ni mucho menos sencillo, pero cuando se produce genera seres humanos como Eichmann, seres normales que en un momento dado de sus vidas desconectan del más mínimo atisbo de moralidad por miedo a ser rechazados por su grupo de referencia. ¿Debiles mentales que simplemente cumplían ordenes…?
Lo más espeluznante, según nos dice Zimbardo, es que cualquiera de nosotros puede llegar a ser como Eichmann o Mengele (o quizás como ese hutu que es incapaz de violar a una sola mujer más, cansado después de una larga jornada de descuartizamiento masivo de tutsis) si la situación le lleva a ello.

¿Cómo es posible que un ser humano sea capaz de renunciar por completo a su humanidad en aras de una ideología irreflexiva que le lleva a cumplir órdenes impuestas por una autoridad que le anima a destruir a todo aquel que es etiquetado como enemigo? No lo sé. Pero si sé que algunos seres humanos (quizás héroes) no se dejan arrastrar por la fuerza de la situación: recientemente en Libia una serie de militares han estado dispuestos a morir fusilados antes que atacar a sus propios compatriotas, y un par de pilotos de caza decidieron no atacar los objetivos marcados por Gadafi, prefiriendo lanzarse en paracaídas y estrellar el avión…
Todavía hay esperanza más allá del Señor de las Moscas…



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Hasta una próxima entrega.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

Carrión, Juan (2011) El Poder de la Situación: Reflexiones sobre El Experimento de la Cárcel de Stanford. [Artículo en línea] disponible en: https://juancarrion.wordpress.com/2011/06/01/el-poder-de-la-situacion-reflexiones-sobre-el-experimento-de-la-carcel-de-stanford/ [Consulta: 2017; julio 23]
Shuttleworth,  Martyn (s/f) Experimento de la cárcel de Stanford  [Artículo en línea] disponible en: https://explorable.com/es/experimento-de-la-carcel-de-stanford [Consulta: 2017; julio 23]